¿Se puede escuchar más allá de las palabras?

Es curioso comprobar cómo, en numerosos momentos trascendentales de nuestro día a día (un discurso, una entrevista de trabajo, una rueda de prensa, una exposición de un trabajo en la universidad) nos concentramos en exceso en buscar las palabras más apropiadas para que nuestra comunicación sea efectiva. Sin embargo, nos olvidamos de lo fundamental: aunque tengamos una dialéctica de Premio Nobel, nuestros mensajes pueden ser malinterpretados por un leve movimiento de cabeza o una mueca inconsciente en un momento poco oportuno.

Un ejemplo habitual lo encontramos en nuestros WhatsApp. Un punto al final de la línea, una idea poco desarrollada, puede ser malinterpretado por nuestro interlocutor, quien, al no ver nuestro gesto ni oír nuestra entonación, no se hace una clara idea de qué queremos transmitir exactamente. Las nuevas tecnologías, con todos los aspectos positivos que atesoran, están mermando nuestra capacidad de interrelación personal, haciendo que perdamos la parte esencial de la comunicación: la intencionalidad, la emotividad, las sensaciones.

La comunicación no verbal nos permite escuchar más allá de las palabras. El componente verbal (la palabra) se utiliza para comunicar información. Pero la comunicación quedaría incompleta, fría, aséptica. Aquí entra el lenguaje no verbal, con el que comunicamos estados, sensaciones y actitudes personales. En definitiva, nos ofrece una perspectiva completa del proceso comunicativo.

El psicólogo Albert Mehrabian, uno de los pioneros en estudiar la importancia de la comunicación no verbal, realizó una serie de estudios para descomponer el impacto de los mensajes. Según sus investigaciones, tan sólo el 7% de lo que comunicamos es trasmitido a través de las palabras, mientras que el 93 % restante nos llega a través del lenguaje no verbal; de este último, el 38% es transmitido con la voz, su tono y sus matices, y el 55 % con el propio cuerpo a través de gestos, posturas y señales.

En un momento donde la comunicación es la base del buen funcionamiento social, controlar ambas perspectivas del lenguaje es la clave para conseguir éxitos personales y profesionales. Desde una buena relación familiar, hasta conseguir un puesto de trabajo, un ascenso profesional, o un buen ejercicio periodístico. En todas estas situaciones hemos de cuidar la palabra como base de la comunicación, pero sin olvidar el hecho de que lo no verbal enfatizará nuestro mensaje, lo reforzará y contribuirá a que el receptor tenga una imagen clara de quiénes o cómo somos.

Quienes tienen muy claro el valor de la comunicación no verbal son los políticos. En cada campaña electoral, estudian al milímetro cualquier aspecto que pueda contribuir a su objetivo final: la persuasión del votante. En las pasadas elecciones generales ya analicé detalle a detalle a los cuatro candidatos, desde sus movimientos con las manos, sus posturas corporales, su ropa o sus complementos. Todo comunica, para bien o para mal. Y ellos lo saben.

Bien, sabemos de su importancia. Pero, ¿realmente de qué estamos hablando cuando nombramos la comunicación no verbal? Podemos catalogar siete tipos:

  • LENGUAJE FACIAL. Quizá uno de los indicadores más importantes, puesto que según la expresión de nuestro rostro podremos comunicar más incluso de lo que somos capaces de verbalizar con palabras. Si bostezamos, hacemos ver que el mensaje nos es aburrido. Si fruncimos el ceño, quizá estemos siendo algo rudos. Podemos mostrar si comprendemos lo que nos dicen. Y expresar absolutamente todas las emociones que nos provoca el mensaje: desde la apatía hasta la alegría, desde el entusiasmo hasta la tristeza.
  • LENGUAJE POSTURAL. Según cómo coloquemos nuestro cuerpo mostraremos a nuestro receptor si estamos tranquilos y relajados, o si por el contrario pretendemos mostrarnos a la defensiva. Por ejemplo, a la hora de una entrevista de trabajo, es esencial presentarse erguido y con las extremidades alineadas: transmitirás seguridad. Cuidado también a la hora de sentarse: ¿crees que transmites buena imagen “despatarrado” en la silla?
  • LENGUAJE GESTUAL. Un apretón de manos enérgico denota confianza, mientras que si dejamos la mano laxa estamos demostrando inseguridad. Los brazos cruzados denotan miedo y falta de confianza. Si tamborileamos con los dedos en una mesa mostramos nuestro nerviosismo, al igual que si jugueteamos con un mechón de nuestro pelo (bueno, en este caso puede ser nerviosismo o coqueteo premeditado). Y si nos tocamos el cuello de la camisa mientras hablamos como si nos ahogara, realmente transmitimos agobio. Mediante los gestos estamos enviando estímulos visuales a nuestro receptor. Con ellos podemos dar más énfasis a los mensajes, e incluso pueden sustituir a las palabras. Mención especial para las manos: nuestras grandes aliadas, que se mueven de acá para allá mientras hablamos para ayudar a nuestro discurso.
  • LENGUAJE DE LA ROPA. Sí, el estilismo cuenta. Y mucho más de lo que nos imaginamos. Con determinadas prendas podemos expresar actitudes concretas, nuestra personalidad, nuestra marca personal.
  • LENGUAJE VISUAL. Dicen que la mirada es el reflejo del alma. Con los ojos podemos expresar gran cantidad de sentimientos y emociones, pero sobre todo indicamos a nuestro receptor que le estamos escuchando y que nos interesa lo que dice. O no …
  • DISTANCIA Y CONTACTO. Según cómo nos coloquemos con respecto a nuestro interlocutor estamos indicando el tipo de relación que tenemos con él, nuestro nivel de confianza e intimidad. Tocar a una persona, aunque sea en el brazo, es la forma más íntima de comunicación, y denota amor, afecto, apoyo o simpatía. Eso sí, únicamente para una relación de confianza sólida. Si lo que intentamos es entablar una comunicación con un desconocido o una persona poco cercana, es importante respetar su propio espacio para que no se sienta intimidada o incómoda. 

    Fuente: https://www.tribunaavila.com/blogs/on-air/posts/comunicacion-no-verbal-escuchar-mas-alla-de-las-palabras

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